El 2026 acaba de empezar y la WWE está que arde. Hay una mezcla brutal entre las grandes estrellas que ya todos conocemos y una oleada de talentos nuevos que vienen pisando fuerte, con hambre de comerse el show entero. Las historias están más enredadas que nunca, los personajes tienen más capas y el nivel dentro del ring es una locura: técnica, fuerza, espectáculo puro. Este año va a ser decisivo para ver quién se queda con el trono y quién da el salto definitivo al estrellato.
Hasta sitios especializados como el portal alemán deo portal alemão de apostas esportivas Sportwetten24 apuestas deportivas Sportwetten24 están poniendo fichas en ciertos nombres, porque sus cuotas reflejan algo claro: consistencia, calidad y ese algo especial que te hace parar lo que estás haciendo para verlos entrar al ring. Al final, lo que engancha no son solo las victorias, sino cómo llegan a ellas: el carisma, la ejecución perfecta y esa magia que hace que cada combate se sienta único.
Cody Rhodes: el babyface que cuenta historias como nadie en la WWE actual
Cody Rhodes es, para mí, el ejemplo perfecto de lo que debería ser un héroe en la lucha libre moderna. No solo pega duro, sino que te hace sentir cada golpe. Su estilo mezcla movimientos clásicos con cosas de alto impacto que siempre salen limpias, pero lo que de verdad lo pone por encima es cómo narra dentro del ring. Sabe vender el sufrimiento como pocos, arma regresos que te ponen la piel de gallina y mantiene al público gritando hasta el final.
El Cross Rhodes es letal, sí, pero es su conexión emocional con la gente lo que lo convierte en el líder natural de esta era. Este año, con él al frente, la compañía tiene rumbo claro.
Roman Reigns: la presencia que congela el estadio y el heel perfecto
Roman Reigns ha elevado a arte eso de aparecer poco y dominar todo. No necesita estar en cada show: con una mirada o un gesto lento ya cambia el ambiente entero. Su arsenal es simple pero aplastante: el spear que parece un camión, el guillotine que ahoga cualquier esperanza y el superman punch que avisa que viene lo peor.
Lo increíble es su cabeza: entiende los combates largos mejor que nadie, sabe cuándo acelerar y cuándo dejar que el rival se queme solo. Esa aura de jefe tribal, intocable y frío, lo mantiene en la cima sin esfuerzo aparente. En 2026 seguirá siendo la referencia de cómo ser un villano que todos odian pero nadie puede ignorar.
Gunther: el striking más brutal y la técnica europea que duele de verdad
Gunther es puro wrestling técnico llevado al extremo. Sus chops suenan como disparos y dejan marcas que duran días, sus lariats son precisos como un reloj suizo y su intensidad convierte cada pelea en algo físico de verdad. Ese estilo rígido, casi militar, choca de frente con el atletismo americano y genera combates distintos a todo lo demás.
Controla el ring como un general, marca el ritmo y desgasta al rival hasta que no queda nada. Lo mejor es que hace creíble cada victoria, aunque el otro sea más grande. Este año su dominio como el rey del wrestling puro va a seguir dando de qué hablar.
Bron Breakker: la bestia atlética que no para de evolucionar
Bron Breakker es un tanque con motores de fórmula uno. Su físico impresiona, pero lo que asusta es cómo lo usa: spears que parten en dos, press slams que parecen imposibles y una potencia que no decae nunca. Lo más destacable es cómo ha crecido: empezó como fuerza bruta y ahora vende mejor, añade matices al personaje y pule detalles técnicos.
Esa mezcla de apellido legendario con la urgencia de quien quiere demostrar todo lo hace peligroso de verdad. En 2026 su llegada definitiva al evento principal parece cuestión de tiempo, porque físicamente y mentalmente está en otro nivel.
Oba Femi: el gigante que destruye con control y madurez asombrosa
Oba Femi es de esos que intimidan solo con estar ahí parado. Su tamaño es abrumador, pero lo terrorífico es la forma en que lo aprovecha: powerbombs que hacen temblar el ring, chops que marcan la piel y una agilidad que no debería tener alguien así de grande. Su estilo es destrucción metódica, sin pausas, haciendo que el rival parezca un juguete. Lo impresionante es lo maduro que es tan joven: entiende perfectamente cómo jugar al monstruo, cuándo fingir piedad y cuándo acabar sin miramientos. Este año, cuando dé el salto completo al roster principal, va a ser uno de los temas que más vamos a discutir.
Jacob Fatu: la furia samoana con vuelos imposibles y energía contagiosa
Jacob Fatu mezcla la tradición samoana más salvaje con una agilidad que deja boquiabierto. Hace moonsaults desde la tercera cuerda como si nada, reparte superkicks limpios y vuela pese a su estructura poderosa. Su intensidad es de otro mundo: ataca como si cada combate fuera algo personal y esa energía se pasa al público al instante. Lo que lo hace único es cómo respeta lo clásico de su familia pero le pone su toque moderno. Aunque la Bloodline le da contexto, su talento individual ya brilla solo. En 2026, cuando explote como solista, vamos a ver cosas que no olvidaremos.
Estos luchadores no están aquí solo por momentos puntuales, sino porque aportan algo constante: carisma que engancha, técnica que convence, potencia que impresiona y esa capacidad de hacer que cada entrada al ring valga la pena. El 2026 pinta para ser su año grande, ya sea para consolidarse o para romperla del todo.













